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Productividad

Tiempo improductivo en el trabajo: cómo identificar sus causas y mejorar la operación

No toda inactividad es una pérdida de productividad, pero tampoco todo el tiempo improductivo es inevitable. Cómo distinguir descansos, baja demanda, tareas mal distribuidas y problemas de cumplimiento para organizar mejor el trabajo.

Por Serginho 6 min de lectura

Tiempo improductivo en el trabajo: cómo identificar sus causas y mejorar la operación
En este artículo

Una pregunta que conviene plantear bien

En casi cualquier empresa hay momentos en que alguien no está haciendo una tarea visible: un empleado que toma mate en el mostrador, otro que revisa el celular, una conversación que se extiende más de la cuenta o una pausa para fumar. Frente a estas situaciones, hay dos reacciones habituales y las dos suelen fallar. Una es ignorarlas, como si no tuvieran ningún efecto sobre la operación. La otra es interpretarlas como un problema de actitud y responder con más control.

La pregunta útil es otra: cómo puede una empresa aprovechar mejor la capacidad disponible durante la jornada sin desconocer los descansos, las condiciones de trabajo ni las responsabilidades de cada parte. Para responderla, primero hay que entender por qué aparece ese tiempo sin actividad, porque detrás de una misma escena pueden existir causas muy distintas.

Qué se considera tiempo improductivo

El tiempo improductivo es el período de la jornada en el que una persona está disponible para trabajar, pero no está aportando al resultado que la operación necesita. La definición deja afuera, desde el principio, varias cosas que a veces se confunden con él.

Los descansos previstos por la normativa o por el convenio aplicable no son tiempo improductivo: son parte de las condiciones de trabajo y cumplen una función. Tampoco lo es la disponibilidad en un comercio durante una hora tranquila, porque esperar al cliente forma parte del servicio. Y una conversación entre compañeros puede ser, en muchos casos, la forma en que se coordina el trabajo. Algo parecido pasa con el mate en Argentina, que en muchos puestos convive sin problemas con la actividad, o con el celular, que para buena parte del personal es una herramienta de trabajo.

Lo que define si hay un problema no es la conducta en sí, sino su efecto: si un cliente queda sin atender, si una tarea se atrasa o si el trabajo recae sobre otros.

Tres causas que se ven igual y se resuelven distinto

Baja demanda

En muchas operaciones la carga de trabajo no es pareja. Un local tiene horas pico y horas muertas, un restaurante tiene servicio y entre turnos, y un depósito puede tener días de mucho movimiento seguidos de otros más tranquilos. En esos momentos, la falta de actividad no indica desinterés: simplemente no hay demanda que atender.

La oportunidad está en planificar qué se hace en esos períodos. Reposición, orden, limpieza, preparación del turno siguiente, actualización de precios o capacitación son tareas que suelen quedar relegadas en los momentos de mayor demanda y que pueden asignarse de antemano a las horas tranquilas. Si nadie definió qué hacer cuando baja la demanda, es esperable que el tiempo se llene con otra cosa.

Tareas mal distribuidas

A veces el problema no es la falta de trabajo, sino cómo está repartido. Una persona tiene la agenda saturada mientras otra espera instrucciones, o un sector espera que otro le entregue algo para poder avanzar. También pasa que nadie sabe con claridad quién es responsable de determinadas tareas, y entonces cada uno asume que le corresponde a otro.

En estos casos, el tiempo sin actividad es un síntoma de organización. Pedirle más compromiso a quien está esperando no resuelve nada si el trabajo no le llega o si no tiene autonomía para tomar la siguiente tarea. La mejora pasa por revisar la asignación, la secuencia entre sectores y la claridad de las responsabilidades.

Conductas individuales

También existen situaciones en las que una persona dedica parte de la jornada a actividades que no corresponden, aun cuando tiene trabajo asignado y las condiciones para hacerlo. Reconocerlo no implica generalizar ni partir de la desconfianza: suele tratarse de casos puntuales, y conviene tratarlos como tales.

Lo importante es no confundir este tercer caso con los dos anteriores. Si se interpreta como un problema de conducta lo que en realidad es baja demanda o una mala distribución, la empresa aplica la solución equivocada, genera malestar en el equipo y el problema de fondo sigue intacto.

Qué puede hacer la empresa

Reglas claras y conocidas por todos

Muchas tensiones aparecen porque las expectativas nunca se explicitaron. Cuándo y cómo se toman las pausas, qué uso del celular es razonable según el puesto, qué se espera en los momentos de atención al público o cómo se organizan los turnos para que nadie quede solo frente a la demanda son cuestiones que conviene definir, comunicar por escrito y aplicar de manera pareja. Las reglas tienen que ser compatibles con la normativa laboral y con el convenio que corresponda, y funcionan mejor cuando quienes las cumplen entienden para qué existen.

Responsabilidades y tareas asignadas

Cada puesto debería tener claro qué tareas le corresponden, incluidas las que se hacen cuando baja la demanda. Una lista de actividades secundarias para las horas tranquilas, un responsable definido para cada parte del proceso y criterios claros sobre qué hacer cuando una tarea se termina antes de lo previsto reducen buena parte del tiempo sin actividad sin necesidad de controles adicionales.

Supervisión razonable

Supervisar no es vigilar cada minuto. Una supervisión razonable se apoya en resultados y en el funcionamiento del proceso: si los pedidos salen a tiempo, si los clientes se atienden, si el trabajo se distribuye de forma equilibrada. Cuando algo falla, el supervisor está en condiciones de preguntar qué pasó antes de suponer la causa, y muchas veces descubre un problema de organización donde parecía haber uno de actitud.

Cuándo se trata de un problema de cumplimiento

Si una vez ordenadas las reglas, las responsabilidades y la distribución de tareas, una persona sigue sin cumplir con lo que le corresponde, el tema pasa a ser de gestión de personas. Esas decisiones corresponden a los responsables de la empresa, que deben tomarlas de acuerdo con la normativa aplicable y, cuando corresponda, con asesoramiento laboral.

El enfoque de DeepWork se ubica antes de ese punto. Analizamos el sistema de trabajo, es decir, cómo se asignan las tareas, cómo se distribuye la demanda, cómo circula la información y dónde aparecen esperas o superposiciones. Ese análisis permite separar los problemas de organización de los individuales y evita que se trate como una cuestión disciplinaria lo que en realidad tiene otra causa.

Aprovechar mejor la jornada sin desconocer a las personas

Reducir el tiempo improductivo no significa eliminar pausas ni medir cada movimiento. Significa entender por qué aparece, distinguir lo que es legítimo de lo que no lo es y organizar el trabajo para que la capacidad disponible se use mejor. En la mayoría de los casos, la mejora viene de planificar los momentos de baja demanda, repartir mejor las tareas y explicitar las expectativas, más que de aumentar el control.

El Diagnóstico DeepWork permite observar cómo se distribuye el trabajo a lo largo de la jornada, identificar dónde se pierde capacidad y priorizar los cambios de organización que conviene hacer.

Conocé el Diagnóstico DeepWork

Preguntas frecuentes

¿Una empresa puede establecer reglas sobre el uso del celular durante la jornada?

En general puede fijar pautas razonables según el puesto, por ejemplo durante la atención al público o en tareas donde la distracción implica riesgos, siempre que sean compatibles con la normativa laboral y el convenio aplicable. Conviene comunicarlas por escrito, aplicarlas de forma pareja y, ante dudas, consultar con un asesor laboral.

¿Qué conviene hacer con el personal durante los períodos de baja demanda?

Planificar de antemano tareas secundarias que suelen postergarse en los momentos de mayor actividad, como reposición, orden, preparación del turno siguiente o capacitación. Así el equipo sabe qué hacer cuando baja la demanda y esos períodos dejan de depender de la iniciativa individual.

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